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La historia de “las liebres”

La historia de “las liebres”

Conocemos como “Liebres” o “Pacers”, a aquellos corredores que participan en una competencia marcando un ritmo prefijado, tanto como para un atleta de elite dispuesto a romper una marca, como para un grupo de aficionados de una masa crítica, que buscan optimizar los recursos para lograr un determinado registro.

Las liebres de la Elite realizan ajustes  finos sobre tiempos y distancias por recorrer antes de cada carrera con aquellos que los van a seguir, en busca de una marca predeterminada. Por otro lado, la mayoría de los Maratones AIMS/IAAF brindan hoy a sus participantes la posibilidad de facilitar la búsqueda de una marca soñada, detrás de liebres con lapsos de generalmente 30 minutos entre uno y otro.

En algunos pocos casos, como en el Maratón de Barcelona, se disponen de pacers para aquellos pocos afortunados que buscan correr no sólo debajo de las tres horas, sino incluso en 02:45:00. El paso de estas liebres es constante,  y  colabora por demás a la correcta administración energética de cada participante que los sigue, otorgando una enorme tranquilidad adicional, brindada principalmente en el hecho de no estar pendiente de los números arrojados por un cronómetro.

Si bien se tiene registro de uso de liebres desde los mismos albores del Atletismo, el uso de ellas cobró notoriedad, cuando el 6 de mayo de 1954, el británico Roger Bannister se convertía en el primer humano sobre el Planeta, en correr una milla (1.609 mts.), en menos de cuatro minutos. Los 3.000 asistentes apostados en la pista de Iffley Road, en Oxford, Gran Bretaña, lo vieron completar ese clásico de la distancia anglosajona en 03:59,6, contemplando como dos atletas, Chris Brasher y Chris Chatawaylo acompañaron durante gran parte del recorrido, generando controversiales planteos basados en la ética deportiva.

 

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Las liebres de la Elite realizan ajustes finos sobre tiempos y distancias por recorrer antes de cada carrera con aquellos que los van a seguir, en busca de una marca predeterminada. También ha sucedido que una liebre terminó venciendo en la competencia, como ocurrió en los 1.500 mts. en los Juegos de Bislett de 1981, en Oslo, Noruega, cuando el plan táctico de los dos contendientes más veloces consistió en dar inicio a la carrera con un ritmo inicial lento, estudiándose entre sí. El pacer en esa oportunidad, Tom Byers, cumplió estrictamente con las órdenes impartidas, pero la distancia generada fue tan amplia, que el gran favorito en ganar la prueba, Steve Ovett, -un especialista en pruebas de medio fondo invicto durante tres años consecutivos en la distancia, medalla de oro en 800 mts.  y  medalla de bronce en 1.500 mts. en los JJOO de Moscú 1980-, nunca pudo recuperar la brecha establecida por su liebre, y Byers finalizó consagrándose vencedor de la carrera.

Otro caso interesante fue el ocurrido en el Maratón de Los Ángeles 1994, cuando el veterano Paul Pilkington fue contratado para encargarse de marcar el ritmo de la primera mitad del circuito. Sin embargo, Pilkington continuó dentro de la competencia, y terminó llevándose los u$s 27.000,00 del primer premio, y un Mercedes Benz 0Km.

El tercer lunes de Abril de 2004, aconteció un episodio sin antecedentes en la historia del Atletismo. La kenyana CatherineNdereba, obtenía por tercera vez la victoria en el 108° Boston Marathon, pero en esta ocasión, delante de la llegada del primer hombre. Esto fue producto de la innovación de la Boston Athletic Association, de duplicar el espectáculo visual de la llegada (una de mujeres y otra de hombres) en el maratón más prestigioso, selectivo y longevo del Mundo, haciendo largar a la elite femenina veintinueve minutos antes que el resto de los corredores. Uno de los argumentos que hicieron sopesar esta decisión, fue la de evitar que las atletas de elite pudieran tener liebres marcando el paso y cubriéndolas del viento. De esta manera, se igualan las condiciones entre las competidoras.

En determinadas ocasiones, el papel de liebre pasa a estar dado por un líder natural, y de allí pueden establecerse situaciones que trascienden el plano táctico, para convertirse en un rol estratégico fundamental en la búsqueda de un resultado deportivo. Un claro ejemplo de ésto pudo observarse en el Maratón de los Juegos Olímpicos de México 1968.

 

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El favorito a vencer, el mítico Abebe Bikila, dos veces ganador del Oro Olímpico en esa disciplina (JJOO Roma 1960 y JJOO Tokyo 1964), se presentaba en la línea de largada con una fractura metatarsiana en uno de sus pies. Casi nadie estaba enterado de ésto, a excepción de sus compatriotas etíopes. Bikila asumió el liderazgo en esa contienda de manera natural, y los principales contendientes siguieron intuitivamente sus pasos. El etíope fue incrementando de manera paulatina la velocidad, hasta imprimir un ritmo vertiginoso de carrera, en donde la altitud también pasaba factura. Sus perseguidores, que continuaron pisándole los talones hasta el K 17, lo vieron detener la marcha sorpresivamente. Su compañero Mamo Wolde, que había llevado un ritmo conservador de carrera, se quedaba con el Oro Olímpico, con un tiempo de 02:20:26, y una ventaja de más de tres minutos del segundo clasificado. Un discreto e inteligente trabajo en equipo volvía a colocar por tercera vez consecutiva a Etiopía en lo más alto del podio del Maratón, la disciplina paradigmática de los Juegos Olímpicos.
El Medio Maratón de Buenos Aires 2012, tuvo un vencedor rutilante, con una responsabilidad histórica deportiva más que singular. El kenyano Elijah Keitany fue uno de esos “Pacers de Luxe”, que allanaron el camino del etíope Haile Gebrselassie en el Maratón de Berlín 2008,  para que ese 28 de septiembre y con sus 02:03:59, estableciera su primer  plusmarca mundial de Maratón, rompiendo la anterior, lograda exactamente cinco años antes -otro 28 de septiembre de 2003- y en el mismo circuito, por el kenyano Paul Tergat.

Los textos, informaciones y opiniones publicados en este espacio son de total responsabilidad del autor. Por ende, no corresponden, necesariamente, al punto de vista de Activo.news

Sobre el autor

Marcelo De Bernardis

Maratonista desde 2004, cuando se clasificó para Boston en su primeros 42 kilómetros casi sin preparación y nada de técnica, Marcelo de Bernardis recuerda con cariño sus participaciones... VEA MÁS

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