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Cómo lidiar con las ganas de orinar al correr

Foto:ganas de orinar

Típico. Entrenaste duro para tu objetivo (10,15,21 o 42k), hiciste todo al pie de la letra, te alimentaste correctamente, realizaste tus distancias en tiempo y forma, fuiste con el nutriólogo, contrataste a un coach personal, probaste todos los geles y gomitas para tu gran día, descansaste como se debe… en fin, todo lo hiciste “by the book”, pero llegas a tu gran día y compruebas que hay un problema que no visualizaste o que no pensaste en entrenar: tu vejiga.

Otra vez no, por favor…

En el momento menos esperado -ya sea antes de dar el disparo de salida o durante el trayecto- sientes muchas ganas de orinar.  Comienzas a entrar en pánico, porque tu primer pensamiento es: ¿Cuánto tiempo me va a tomar pasar al baño, regresar a la carrera y recuperar mi ritmo? ¿Por qué justo hoy? La realidad es que, seguramente, te estuvo pasando a lo largo de tus entrenamientos, pero no hiciste conciencia de ello, pues “¡solo estabas entrenando!”

Calma, no te preocupes. Esto, en la mayoría de los casos, es normal. Nadie nos dice que también tenemos que entrenar nuestro esfínter. La buena noticia es que este pequeño problema tiene solución. Pero para llegar a ella debemos primero poner atención a nuestro organismo y detectar si es sólo una incontinencia por estrés o si realmente tenemos algo que debemos corregir, ya sea con ejercicios o con la ayuda de algún especialista.

Atención a las diferencias

¿Cómo detectar cuando es un problema real? Según un estudio realizado en el Journal of Human Kinetics, son más del 40% de las corredoras elite que han presentado alguna “fuga” mientras corren o cuando hacen ejercicio de alto impacto. Esto se conoce como “incontinencia por estrés”. Son en realidad pocas las atletas que requieren parar su entrenamiento para ir con urgencia al baño. Sin embargo común, no necesariamente significa que es normal. Correr con este desorden no es el deber ser, pues es terriblemente incómodo y además puede traerte muchos problemas infecciosos, que se pueden convertir en inconvenientes crónicos en un mediano plazo.

 

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En el caso de las mujeres, la manera de comprobar que no se tiene un problema médico es la siguiente: Si estás embarazada o ya fuiste mamá, es muy probable que tu piso pélvico haya perdido un poco de fuerza, lo que puede llegar a provocar un leve goteo involuntario. Revisa si sientes alguna incomodidad o tipo de dolor al momento de tener relaciones sexuales, o simplemente cuando uses un tampón (si es tu caso). Ese es el mejor indicador para saber que tienes demasiada tensión y debilidad pélvica.  Para fortalecer estos músculos, puedes aplicar dos técnicas:

Aprieta y suelta los músculos, deteniendo y soltando la orina. Una vez que sientas el movimiento, sabrás cuales son los músculos que debes ejercitar y la forma de hacerlo. Lo recomendable es presionar los músculos Kegel durante cuatro segundos y soltar -repetirlo durante un minuto. Es importante no tensar los músculos de la espalda, ya que el objetivo es aislar y trabajar sólo la parte pélvica.

Respiración profunda u otra técnica de relajamiento. Esta técnica debe ser asistida por un especialista, ya que te aplicarán algún monitor para que aprendas a sentir el control de tus músculos. Es para casos más específicos, donde el problema persiste a pesar del estrés.

En el caso de los hombres, ellos cuentan con salvaguardas adicionales para prevenir la incontinencia. Son mucho menos propensos a problemas de incontinencia, se presentan (en la mayoría de los casos), en individuos que hayan tenido alguna cirugía de próstata.  La forma de detectar si sus músculos pélvicos están débiles es: dolor en la ingle -algunas veces también en el pene- y sensación de querer orinar todo el tiempo.

Cuando los corredores presentan estos problemas, suele decidirse a tomar menos líquidos, lo cual también es un error, pues pueden provocarse una deshidratación extrema. Lo mejor es tratar a “prueba y error”; ir entrenando a nuestro cuerpo a conseguir la hidratación necesaria para la prueba en cuestión, de manera que no tengamos que parar en cada estación de baño por el agua que consumimos.

Prepara a tu cuerpo, edúcalo, escúchalo y disfruta tus kilómetros sin miedo.

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