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Cuando termino de ejercitarme, ¿en qué momento debo bañarme?

Normalmente, cuando terminamos de correr, estamos completamente empapados en sudor y tenemos esa sensación de calor sofocante que nos hace querer meternos bajo un chorro de agua fría y saciarnos. Además de querer relajarnos de forma inmediata, queremos sentirnos frescos y aliviados del esfuerzo físico que acabamos de realizar. Pero no siempre es sano seguir este instinto. ¿Sabías que existe un momento ideal para ducharnos después de una actividad física demandante?

Sabemos que es muy incómodo estar “mojado” después de terminar tu sesión, o quedarte con esa sensación de escalofrío y sentir tu piel llena de sal, pero créeme, tu cuerpo agradecerá que le des tiempo para recuperar su temperatura natural. Lo más recomendable es bañarte durante la primera hora después de haber terminado tu sesión física (trata de que no pase más tiempo), sin embargo, deberás esperar entre 20 y 30 minutos para hacerlo.  Los factores a tomar en cuenta para decidir el momento de la ducha son:

1. La intensidad de la actividad física que realizaste. No importa si hiciste una clase de yoga, spinning o si corriste un maratón, tu cuerpo siempre va a elevarse a la temperatura para evitar cualquier lesión y para que nuestro corazón trabaje de forma adecuada, sin tener que forzarlo de más. Así que aunque creas que no trabajaste arduamente, tu cuerpo necesita regresar a su temperatura natural. Pero ¿en qué podría afectarte esto? Simple: los cambios bruscos de temperatura podrían provocarte desde una contractura, derrames oculares o, en casos muy extremos, una trombosis.

2. Temperatura externa. Esto suena bastante lógico, pues a mayor temperatura, mayor la sudoración del cuerpo. Sin embargo, aunque no lo parezca, cuando estamos en un ambiente frío, nuestro cuerpo tiende a elevar aún más la temperatura a modo de protección y termina sudando igual o más que si estuvieras en un ambiente con más calor.

3. La forma en que cada uno de nosotros suda. No todos tendemos a generar la misma cantidad de sudor. Por ejemplo, los deportistas de alto rendimiento tienen un organismo mucho más trabajado y eficiente, por lo que ellos tienden a sudar bastante y su temperatura corporal no aumenta demasiado. La mayoría de nosotros (que no somos de alto rendimiento), comenzamos a sudar a los pocos minutos de haber comenzado con la actividad física, lo que hace que terminemos un poco mojados trás nuestra sesión. Hay algunas personas, en cambio, que no tienden a sudar, solamente aumentan su temperatura corporal. Este tipo de personas en especial deberán tener mayor precaución para tomar una ducha de forma inmediata, pues tendrán que esperar a que su cuerpo se enfríe para evitar cualquier mal.

 

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Una vez mencionado lo anterior, hay que tomar también en cuenta que si te bañas de inmediato tu cuerpo no dejará de sudar, así que aún cuando salgas de la ducha, seguirás teniendo esa sensación de bochorno y seguirás húmedo por un buen rato, sobre todo si te encuentras en un lugar con clima caluroso e incuso demasiado húmedo, por lo que te recomendamos meterte a la regadera una vez que hayas dejado de transpirar.

Cuando estés en un lugar donde el clima es un poco más frío, la recomendación es que te cambies de ropa cuando termines tu actividad y una vez que tu cuerpo deje de transpirar y haya logrado alcanzar su temperatura “natural”, entonces tomes un baño relajante y reparador.

Si eres de los que entrena en gimnasio y tienes acceso inmediato a la regadera, te recomendamos que realices una sesión de estiramiento profunda. Esto te ayudará a que tu cuerpo se vaya enfriando poco a poco y, de paso, evitarás cualquier lesión muscular.

Si tu pregunta es ¿qué tan fría o caliente debe ser la ducha? Esto es muy sencillo, sin importar si tu cuerpo sigue con la temperatura elevada o ya estás más bien enfriándote, lo ideal es siempre usar el agua tibia. Una vez que ya estés perfectamente libre de sudor y hayas acoplado tu cuerpo a la temperatura ambiente, entonces podrás poner el agua más caliente o más fría, según tus preferencias. Para evitar cualquier cambio brusco, puedes empezar a mojar tu cuerpo de abajo hacia arriba, es decir, primero los pies, la cintura, la espalda y por último la cabeza.

Recuerda: no dejes de hidratarte durante y después de haber terminado tu actividad física, no importa si sientes sed o no, siempre se pierden muchos líquidos cuando estamos activos, así que toma mucha agua y no olvides que cuando tu cuerpo siente sed, significa que ya está deshidratado.

Por último, recuerda usar la ropa adecuada para el ejercicio que realices, para que siempre estés cómodo y seco.

 

 

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