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Entrenamiento a intervalos, ¿por qué funcionan?

Entrenamiento a intervalos, ¿por qué funcionan?

Muchos corredores de largas distancias siguen preguntándose cuál es la finalidad de los entrenamientos a intervalos de alta intensidad.

Ya que éstos, entre otras cosas, parecen ir contra lo que ellos realmente quieren: las distancias largas.

Entonces, ¿por qué se habla tanto de ese tipo de entrenamientos? ¿Y por qué los llaman de “milagrosos”?

Antes que nada, es importante recordar que existen, básicamente, dos tipos de intervalos: largos y cortos.

Los primeros pueden llegar hasta los 1000 metros (o más), y los cortos pueden ser a partir de los 50 metros.

Asimismo, existen diferentes tipos de corredores: los de carreras cortas, los de largas distancias, corredores de montaña o de asfalto. De subidas y bajadas, leves y rápidos, pesados y resistentes.

Independientemente de esta clasificación, los intervalos siempre serán bienvenidos.

 

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Entrenando a intervalos de alta intensidad

Hacer intervalos significa estipular una distancia y recorrerla en el menor espacio de tiempo posible.

Cuanto menor sea la distancia, más veloz debe ser el intervalo. Si la distancia es mayor, el ritmo debe ser más tranquilo, aunque más rápido de lo que correrías en una prueba o entrenamiento largo (se corre dentro de la zona de confort).

En líneas generales, cuando necesitamos aumentar nuestra velocidad es preciso hacer más fuerza o intensificar la frecuencia de los movimientos; o ambas cosas.

Eso exige más energía, más sangre y más oxígeno para los músculos. Por eso quedamos exhaustos al terminar el entrenamiento de intervalos.

Es como si usáramos todo nuestro tanque de combustible. Puede parecer un desastre para nuestro cuerpo, pero dará buenos resultados en el futuro.

En los entrenamientos siguientes (lógico, después de un periodo de descanso adecuado), la sensación será siempre la misma: agotamiento.

Pero, seguramente, la persona notará que la velocidad aumenta, que las piernas responden mejor y que la recuperación, entre una serie y otra, se vuelve más rápida.

Eso sucede porque los mecanismos que aportan sangre (y, consecuentemente, transportan energía y oxígeno) a los músculos se hacen más eficientes.

Entrenando fuerte para correr leve

Cuando entrenamos a intervalos exigimos más fuerza y, para eso, un número mayor de fibras musculares.

Además, en la mayoría de las personas las articulaciones son accionadas, distribuyendo la fuerza en amplitudes mayores de movimiento.

O sea, la persona pasa a usar una mayor capacidad muscular y articular, aumentando la eficiencia de estas dos estructuras.

Finalmente, junta todo eso y ponlo a prueba en una carrera, sea de distancia larga o corta. Sin duda, el atleta aprovechará mejor el oxígeno, distribuirá con mayor facilidad los líquidos y alimentos que ingiera durante la competencia, podrá hacer sprints en las partes planas y hasta conseguirá mantener el ritmo en las subidas sin desgastarse demasiado.

Entonces, la teoría es bien simple: entrenar fuerte para correr leve. El objetivo no tiene que ser terminar una prueba más rápido. Puede ser acabar bien, sin sufrimiento.

Acuérdate de calentar bien antes de los intervalos, trotar o caminar rápido entre ellos y soltar al final de la práctica.

Una sugerencia: empieza con 5 series de 400 metros. Más adelante, podrás aumentar la cantidad, modificar la distancia y la intensidad.

Escucha siempre tu cuerpo, ten cuidado y, sobre todo, diviértete.

Los textos, informaciones y opiniones publicados en este espacio son de total responsabilidad del autor. Por ende, no corresponden, necesariamente, al punto de vista de Activo.news

Sobre el autor

Marcel Sera

Fisioterapeuta y atleta amateur brasileño. La idea es explicar aquí cómo usamos y qué sucede con nuestro cuerpo ante cada situación del día a día. Correr es una terapia y mi fuente de... VEA MÁS

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