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Vuelta a las raíces: los beneficios de una dieta milenaria

Foto:Un cazador de la etnia hadza

Un experimento confirmó lo que todos sospechábamos: cómo comían nuestros ancestros hace miles de años era más saludable que lo que se come hoy en día. Esa dieta milenaria era más variada y de mejor calidad, generando mayores beneficios a la salud

Acudir al consultorio de un especialista es una sentencia: comes mal, descansas mal, te ejercitas mal, todo en tus rutinas requiere ajustes. La próxima vez, convendría echar un vistazo a lo que hacían tus antepasados y volver a lo natural para mejorar tu condición física y tu salud.

El ensayo lo hicieron investigadores británicos, quienes midieron sus niveles de microbioma en su ciudad de origen antes de viajar a Tanzania, para someterse a una dieta con los hadzas, una de las pocas tribus africanas que desde hace más de mil años no ha cambiado su técnica de recolección y caza para suministrarse de alimentos.

La idea era medir el microbioma del intestino, es decir, la comunidad de bacterias que determina el metabolismo, el sistema inmune y el estado de ánimo. Estos hongos y bacterias habitan en el tracto gastrointestinal y se alojan esencialmente en el colon. Los hadzas tienen los niveles más altos, según estudios internacionales.

Un voluntario, Jeff Leach, viajó al país africano y se sometió a la dieta local. Para el desayuno, por ejemplo, comió baobabs, un fruto que rebosa vitaminas, grasas y fibra.

Tiene una cáscara dura, parecida a la del coco, que se rompe con facilidad dejando ver una carne blanca que envuelve una semilla rica en contenido graso. Una de las formas de comerlo es mezclándolo con agua y revolviendo. Produce sensación de saciedad inmediata y no requiere ninguna comida adicional.

 

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Para picar se comen kongorobis, frutos dulces en forma de bayas, con 20 veces más fibra y polifenoles que las variedades cultivadas. O sea: un poderoso alimento para el microbioma.

El almuerzo pasó por unos tubérculos ricos en fibra que se van desenterrando con la ayuda de un palo afilado y se echan al fuego. En este caso costaba más esfuerzo comerlos. Se parecían a un apio duro y terroso.

La cena era el momento más importante. Los hadzas dedican la tarde a la caza: en este caso fue un puercoespín. Después de vigilarlos y seguirlos, lograron atravesarlos con sus lanzas en sus escondites y los pasaron directamente a la brasa, sin vísceras y separando púas y partes no comestibles.

Una dieta milenaria que no escatima el postre…

Se trata de la más pura miel, procedente de un panal repleto de las grasas y las proteínas aportadas por las larvas.
Los hadzas no desperdician ni matan seres vivos si no es necesario. Consumen una apabullante variedad de plantas y animales (alrededor de 600, la mayoría de ellos pájaros), lo que evidencia una cantidad muy superior a lo que se consumen en Occidente.

El voluntario tuvo un aumento del 20% en su diversidad microbiana y, con ello, mejoró su salud.

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