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Karl Egloff, el silencioso hombre de los récords en montaña

Foto:Karl Egloff

El ecuatoriano Karl Egloff y su equipo fue a Argentina en busca de un récord, como lo hacen casi en cada viaje internacional que emprenden. Ya estaba en su poder el récord de ascenso y descenso por la ruta normal, destrozando la marca impuesta poco antes por Kilian Jornet. Ahora se encontraba detrás de la plusmarca en la ruta de la pared sur, en manos del francés Bruno Sourzac.

En el momento en que pensaba dar los primeros pasos en esa pared sur, Egloff abrió su carpa en el campamento de plaza Francia y vio cómo una avalancha arrasaba la zona por la que horas antes decidió no transitar. Ser un gran montañista es también eso: saber cuándo decir que no.

– Unos días antes notamos que el clima estaba dañándose muy rápido, y decidimos abortar. Ni siquiera entramos a la pared, estuvimos caminando por abajo y viendo dónde es la entrada. Cuesta muchísimo decir que no. Fue un tema de intuición, de destino. Nos vamos más sabios, sabemos que se necesita más tiempo, más suerte e incluso chequear el tiempo desde Ecuador para no perder el vuelo y buscar una buena ventana. Me encuentro súper contento, feliz de estar con vida.

Karl Egloff, antes padre

– Prevalece, por encima de no poder haber hecho lo que se planeaba, la sensación de haber tomado una buena decisión…

– Sí, yo pienso que, ya siendo papá y teniendo una familia, obviamente es eso lo que predomina. No te miento: por dentro hay un rasguño, porque uno viene muy preparado y cuesta la expedición, los auspicios esperan un logro, pero en la vida hay que tener muy claro, y especialmente en nuestro deporte, que ahí deciden la montaña y nosotros, nadie más. Haya la presión que haya, el dinero que haya, no pueden ser otros los que tomen la decisión.

Además del Aconcagua, Egloff es el hombre más veloz en haber pasado por el Elbrus y el Kilimanjaro, y está decidido a seguir buscando las cimas más altas del mundo para hacerlas suyas. Como daño colateral, su carrera es contra el catalán Kilian Jornet, a quien le arrebató más de un éxito en su triunfal camino.

Antes de dedicarse a la montaña, el ecuatoriano fue ciclista. Mucho antes, intentó ser futbolista. Siempre el deporte fue parte de su vida, a pesar de que su madre le rogaba que no se dedicara de manera profesional a esta actividad.

– Mi madre me decía que no iba a poder vivir del deporte, que debía ser doctor o arquitecto. Hace tantos años atrás todos eran aquí muy conservadores. Estoy de acuerdo con ella, porque en esa época si no eras futbolista era muy difícil dedicarse al deporte.

– Estabas de acuerdo, pero no le hiciste caso…

– En efecto. Yo la respetaba, pero le quería demostrar que sí se puede. Ella me pidió que lo que hiciera en la vida, lo hiciera bien, que me destacara, y por ese lado la seguí, poniendo dedicación en todo momento al deporte.

– ¿En qué momento te empiezan a dar ganas de desafiar récords?

– En 2012, cuando aún era ciclista. Me dediqué durante ocho años a competir, corrí mundiales para la selección de Ecuador, y Nicolás (N. de la R.: Miranda, su amigo y hoy jefe de seguridad de las expediciones) me invitó a subir al Cotopaxi, a subirlo en velocidad. Yo ya era guía de montaña y lo había subido setenta, ochenta veces, pero nunca había hecho algo con cronómetro ahí. Rompí la plusmarca, hice hora y media, y Nicolás me dijo “tienes que dedicarte a esto, siento que hay mucho para mejorar”. Buscamos en Google a gente que se dedica a esto, y así empezó nuestro capítulo, de 2014 en adelante con el Kilimanjaro y todo lo demás.

– ¿Ahí se terminó el ciclista? ¿O seguiste compitiendo?

– Fue de a poco esa despedida. Me di cuenta de que no podía crecer más en el ciclismo, venía de ocho años metido de lleno en ese deporte, saqué varias medallas de oro para Ecuador, pero no podía vivir de eso. Lamentablemente, como en Argentina, si no eres futbolista es muy complicada la vida como deportista. Yo tenía que ir a Europa a ganar puntos para poder seguir creciendo en el ranking, y llegó un momento en el que dije “quiero una familia, quiero un día comprarme un carro, y por aquí no va”. Tuve un año sabático en el que se acabó el ciclismo, fui a divertirme a la montaña y de repente me di cuenta de que había algo de talento como para que me dedicara a esto.

– O sea que este descubrimiento te agarra en una época de crisis…

– Totalmente. Ya estaba cansado, no sentía apoyo para la selección de Ecuador, tenía que financiarme yo los pasajes, tenía treinta y un años, y dije basta. Como ciclista vivía con lo justo, y quería más.

Cómo sobrevive un corredor de montaña

– El montañismo también plantea dificultades económicas, ¿cómo se afrontan los gastos de estas expediciones?

– Las cosas han mejorado, cuento con algunas marcas que me han ayudado a estar aquí, y a la gente con la que trabajo aquí. A veces también uno tiene que meter dinero de su propio bolsillo, claro que sí. Por suerte tengo otros trabajos que me dan esta posibilidad: Manejo una agencia de montaña en Ecuador, que se llama Cumbre tours, donde trabajo toda la semana, donde organizo expediciones al Aconcagua, al Kilimanjaro, a las montañas de Ecuador y Perú; y los fines de semana trabajo como guía internacional de montaña.

– ¿En qué momento te hacés un espacio para poder entrenar?

– Tengo la suerte de que la agencia que me pertenece la manejo con mi mujer, entonces ella me da ciertos días a la semana para poder entrenar, y también entreno todos los días a la madrugada. Tenemos un buen equilibrio.

– Muchas veces este tipo de desafíos parecen actos de inconsciencia, pero ustedes evalúan muchos aspectos, de modo que es totalmente lo contrario…

– Totalmente de acuerdo. Pienso que nuestro deporte, que es subir a una montaña en velocidad, implica muchísimo respeto y muchísima preparación. Nos imaginamos las rutas, los segmentos, cómo van a ser, qué problemas vamos a tener, y para eso entrenamos. Somos muy minimalistas con el equipo, y faltarle el respeto a la montaña es justamente lo opuesto. Nosotros la respetamos muchísimo. Por lo mismo hemos decidido abortar, porque las condiciones no eran perfectas.

– Aún así, y teniendo en cuenta lo anterior, siempre hay un riesgo presente

– Sí, claro. El riesgo siempre va a ser relativo, y uno tiene que tratar de tenerlo controlado y no entrar en una zona complicada. Ahora, hay que salir de vez en cuando de la zona de confort y eso está claro. Esas son las partes que uno entrena para poder superar. Pero no se puede entrenar de tal forma que no sientas miedo o que sientas que lo tienes todo el tiempo bajo control.

– ¿Sentiste miedo alguna vez?

– Sentí miedo esta vez al ver la avalancha barrer la parte de la montaña donde nosotros debíamos haber estado. Por suerte ya no tenemos veinte años, somos algo mayores y tal vez eso nos dio la madurez de decir no. Estuve muy contento.

– Te referiste a la paternidad, que es algo reciente en tu vida, ¿te cambió un poco la mentalidad para encarar a la montaña?

– Sin dudas. Yo en cada momento que dudo o no sé qué hacer, pienso en la sonrisa de mi hijo, y no quiero dejarlo abandonado por un capricho personal.

– ¿Cómo se entrena para batir un récord?

– Se analiza la montaña, la distancia, se ven las partes difíciles del lugar. En el Denali, por ejemplo, lo difícil es el frío, el glaciar. Cada montaña es diferente. Se pone sobre la mesa todo y se trabaja en las debilidades. Como deportista, siempre tienes que trabajar en tus debilidades e imaginarte el peor de los escenarios.

Karl Egloff y su encuentro con Kilian

– Tuviste un encuentro con Kilian Jornet después de haber batido su marca, ¿cómo fue ese momento?

– Muy bueno, entrenamos en Chamonix en 2015 y se portó como un caballero. Encaramos un proyecto juntos allá, nos llegamos a conocer, nos sentamos a comer juntos. Fue un encuentro muy bueno, y para mí fue un honor conocer a Kilian. Nuestro deporte no es box, es un deporte de caballeros, y yo lo admiro muchísimo. Si no existiera Kilian Jornet, yo seguiría en la sombra igual.

– ¿Es verdad que tratás de quitarle minutos en la subida, porque en la bajada es prácticamente imposible superarlo?

– Depende del terreno, pero sí. En el Aconcagua pude quitarle el tiempo necesario en la subida para estar tranquilo en la bajada. En los récords que hemos podido quitarle, por decirlo de alguna manera, se ha hecho la diferencia en la subida. La bajada es una debilidad de los sudamericanos, y es a lo que más tiempo le dedico, quiero ser más ágil.

Luego de la expedición al Aconcagua, en el horizonte de Egloff figura el Denali, al que encarará en mayo. Allí también es Kilian Jornet el poseedor del récord a vencer: “Es una montaña gigante, de mucha nieve, con mucho mal clima, y a la que hay que enfrentar con mucha paciencia. Tengo que entrenar mucho las travesías largas de nieve sin desnivel, que es lo que no he hecho hasta ahora en un récord. Ahí hay que ser muy sólido, muy rápido y hay que practicar la caminata en raquetas”, analiza el ecuatoriano.

– ¿Sos un corredor o un escalador?

– Soy un corredor de montaña, ya sea en sus valles como en sus glaciares y sus rocas. Pienso que un montañista tiene que ser completo, e intento serlo.

– ¿Qué es lo que más te gusta de correr?

– Estar solo, metido en la naturaleza, perdido y sintiéndome un átomo ante este hermoso mundo.

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